
![]() | ![]() |
Hay algo que muchas personas comparten y pocas hablan, no es sólo el clima, el tráfico o las largas jornadas de trabajo. Es ese cansancio que permanece incluso después de dormir. Un agotamiento que no siempre nace del cuerpo, sino de la mente.
Desde pequeños, muchos crecimos escuchando frases como: “No llores”, “Échale ganas”, “Eso no es para tanto”, “Eres fuerte” o “Tú puedes con todo”. Aunque suelen decirse con buenas intenciones, también nos enseñan que expresar tristeza, miedo o vulnerabilidad es una señal de debilidad. Poco a poco aprendemos a guardar lo que sentimos, a seguir funcionando y a creer que pedir ayuda significa haber fracasado.
El psicólogo Albert Ellis explicó que no son los acontecimientos lo que determinan como nos sentimos, sino las creencias que construimos acerca de ellos. Cuando interiorizamos ideas como: “Yo debo ser fuerte”, “No puedo mostrar mis emociones” o “Si pido ayuda decepcionaré a los demás”, esas creencias terminan convirtiéndose en una fuente constante de ansiedad, culpa y desgaste emocional, que con el tiempo acarrea consecuencias fisiológicas y sociales.
La buena noticia es que las creencias no son sentencias, pueden cuestionarse, modificarse y reemplazarse por otras más flexibles y saludables. Cada vez que alguien expresa una emoción, pone un límite, pide apoyo o deja de exigirse perfección, está construyendo una nueva manera de relacionarse consigo mismo y con los demás.
La fortaleza no consiste en soportarlo todo en silencio, la verdadera fortaleza también implica en reconocer cuando necesitamos descansar, hablar, llorar o pedir ayuda, el cansancio emocional quizá no sea algo que debamos normalizar. Talvez es una señal de que llegó el momento de escucharnos con la misma compasión con la que escuchamos a quienes más queremos.
Ojalá algún día dejemos de admirar a quienes soportan todo y empecemos a admirar a quienes priorizan cuidarse. Qué la próxima vez que alguien te pregunte ¿Cómo estás?, puedas responder con honestidad y no sólo con costumbre. Porque, al final, cuidar nuestra salud mental no nos hace más débiles; nos hace más humanos…
Psic. Verónica Raher
@psic.veroraher
