
Hace nueve meses escribíamos en este espacio “Una cosa es que falten medicinas…”, a propósito de lo que ocurría en el Centro de Salud de Miahuatlán.
Decíamos entonces que la falta de medicamentos era prácticamente parte del paisaje nacional. Lo verdaderamente preocupante era otra cosa: que las medicinas existieran, estuvieran compradas, almacenadas, inventariadas y hasta empaquetadas… pero por alguna de esas misteriosas enfermedades administrativas que sólo padecen los gobiernos, no terminaran en las manos del paciente.
Nueve meses después, resulta que no andábamos tan perdidos… La presidenta Claudia Sheinbaum reconoce que hay problemas en el sistema de Salud, e hizo una precisión interesante: dinero hay. “No faltan recursos”, dijo. ¡Qué alivio! Por un momento uno pensaba que el problema era que no había dinero para comprar medicinas pero resulta que dinero sí hay; medicamentos también hay; almacenes hay; hospitales hay; médicos hay –aunque no todos los que hacen falta–; funcionarios sobran y hasta camionetitas tenemos. Entonces… ¿qué chingados falta?
La propia Presidenta parece haber encontrado una pista durante sus recorridos por hospitales: hay medicamentos guardados en almacenes que no llegan a los pacientes y hay unidades que reciben medicinas que no necesitan mientras otras carecen de ellas. También reconoce problemas burocráticos, administrativos y hasta posible corrupción. En cristiano: la medicina existe, pero no sabe para dónde agarrar. Y esto se pone todavía más sabroso cuando trasladamos el diagnóstico presidencial a Veracruz, porque si de algo presumió Rocío Nahle al iniciar su gobierno fueron las Camionetitas de la Salud.
El 12 de diciembre de 2024, la Gobernadora dio el banderazo de salida al programa que habría de recorrer 26 rutas para llevar medicamentos a comunidades rurales, marginadas y de difícil acceso. La promesa oficial no era modesta: garantizar un abasto del cien por ciento. La idea gustó tanto que después el Gobierno federal adoptó el modelo con sus Rutas de la Salud. ¡De Veracruz para México!
El problema es que, a estas alturas, quizás debieron mandar también el instructivo porque la propia Sheinbaum reconoce ahora que uno de los pendientes está precisamente en la distribución. Apenas el 13 de octubre explicaba que había que resolver el trayecto de los medicamentos desde los almacenes hasta los centros de salud y hospitales, y hablaba de automatizar todo el proceso; hasta puso como ejemplo que uno compra unos zapatos en una plataforma y llegan al día siguiente.
Presidenta: no se vaya tan lejos. Pregúntele a la Coca-Cola, porque si algo ha demostrado este país es que puede no haber médico, carretera pavimentada, drenaje, señal de celular, internet o farmacia… pero una Coca-Cola fría aparece hasta donde Judas perdió el GPS.
Uno puede subir una sierra, bajar una barranca, atravesar un río, agarrar terracería, caminar media hora y llegar a una comunidad donde quizás no haya paracetamol, pero seguramente alguien le va a preguntar:
–¿De cuál quiere? ¿Normal, Light o Zero?
Eso sí es logística.
Y mientras una empresa refresquera parece haber descubierto desde hace décadas cómo hacer llegar su producto hasta el último rincón del país, el Estado mexicano sigue tratando de resolver cómo llevar una caja de medicamentos del almacén al hospital. Pero en Veracruz tenemos una variante todavía más interesante: Aquí las medicinas no sólo llegan. También regresan.
Trabajadores del Hospital General Córdoba-Yanga denunciaron que dos días antes de una visita de Rocío Nahle, llegaron dos camionetas oficiales cargadas con medicamentos. Según su versión, los fármacos fueron colocados en los anaqueles y, dos días después de la visita, regresaron vehículos para retirar medicamentos.
La Gobernadora lo niega. Bueno, para ser exactos, niega que se trate de un montaje.
Nahle explica que cuando visita los hospitales revisan inventarios y, si encuentran muchos excedentes, éstos son enviados nuevamente a Xalapa para redistribuirlos a las unidades donde hacen falta. Y si detectan faltantes, se solicitan al almacén central o se compran.
¡Ohhh! Ahora sí quedó clarísimo. Hay hospitales donde faltan medicamentos y hospitales donde hay tantos que hay que llevárselos. El problema no es de abasto. Es de Waze.
Quizás las Camionetitas de la Salud deberían traer en el tablero una vocecita:
“En 300 metros dé vuelta a la derecha… ha llegado a su destino… ¡No, pendejo, aquí sobran! Recalculando ruta…”
Aunque existe otro pequeño detalle que hace todavía más interesante el asunto.
Una revisión de órdenes de envío y controles de recepción encontró que, en nueve de 18 hospitales analizados, hubo abastecimientos el mismo día de las visitas de Nahle o durante las 48 horas anteriores. El propio análisis aclara algo fundamental: esa coincidencia no demuestra que los medicamentos fueran enviados expresamente por la visita de la Gobernadora. Pero caray… Qué buena suerte tiene Rocío! Hay gente a la que cuando llega a un restaurante se le acaba el platillo. A Nahle le pasa al revés: llega al hospital y poco antes llegan las medicinas. Quizás no sean visitas sorpresa. Las sorprendidas son las medicinas. Y aquí es donde regresamos a aquella columna de enero.
Entonces hablábamos de Miahuatlán y de denuncias que obligaban a preguntarnos no solamente si había medicamentos, sino qué ocurría con ellos una vez que entraban al sistema. Hoy la pregunta es todavía más grande:
Porque Claudia Sheinbaum nos dice que dinero hay. Rocío Nahle nos dice que medicamentos hay. Tenemos Camionetitas de la Salud. Tenemos Rutas de la Salud.
Tenemos almacenes. Tenemos hospitales. Tenemos inventarios. Tenemos sistemas.
Tenemos funcionarios. Tenemos discursos. Tenemos banderazos. Tenemos fotografías de camionetitas saliendo cargadas. Y, sin embargo, seguimos teniendo pacientes preguntando:
–¿Y mi medicina?
A lo mejor después de tantos años buscando un sistema de Salud como el de Dinamarca estábamos mirando hacia el país equivocado. Quizás la delegación mexicana no tenía que viajar a Copenhague. Tenía que visitar una embotelladora de Coca-Cola. Preguntarles cómo le hacen. Cómo saben dónde falta producto. Cómo reabastecen. Cómo calculan rutas. Cómo consiguen que el camión llegue. Cómo evitan mandar veinte cajas donde nadie las necesita mientras a veinte kilómetros alguien las está esperando. Porque si la Coca-Cola puede llegar fría hasta el último rincón de Veracruz, uno supondría que una caja de antibióticos también podría conseguir la hazaña. Aunque quizás el problema no esté en las medicinas. Ni en las camionetitas. Ni siquiera en las carreteras. Porque hay algo que, por lo visto, sigue teniendo mayores dificultades de distribución que cualquier medicamento:
la realidad. Ésa sí tarda un chingo en llegar a las oficinas de Gobierno.

